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Julio Valdeon Blanco

Julio Baldeon Blanco

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 Verónica

  2008
Editorial Algaida (I.S.B.N.:9788498771251)

Un amor suicida y un crimen monstruoso marcan la trama de Verónica, ambientada entre el sur de España y Marruecos, su protagonista, un joven como tantos, laca su destino al de una misteriosa mujer. Especuladores, policías, camellos, realizadores de cine porno, peleles varios y tarántulas camufladas acompañan su peregrinaje hacia el infierno.

Novela negra con el visor en los grandes del género, cargada de alto voltaje sexual y violencia sin depurar, Verónica marca un salto en la producción narrativa de Julio Valdeón Blanco.

Escrita, como sus anteriores obras, «con las chispas de un cortocircuito, a un ritmo desenfrenado» (Antonio Lucas, El Mundo), apuesta por la orfebrería de una trama cerrada hasta la último escalofrío. A ratos irónica, incluso cómica, y a veces terrible, Verónica radiografía algunos de nuestros demonios íntimos a golpe de soplete. Mezcla alcohol con pólvora. Sabe a carmín con sangre. Supone, en definitiva, el insolente aldabonazo de un joven escritor ya maduro, dueño de sus recursos y convencido de que el noir es uno de los géneros que mejor radiografían nuestro mundo, tan actual, urgente y contemporáneo que permite bucear en las pesadillas del nuevo siglo hasta su tuétano de podredumbre.

Julio, calificado recientemente por Arcadi Espada en su blog El Mundo por dentro como «bright of brightest», entrega con Verónica un relato atroz, maligno y quemante, que lo mismo bebe del cine (desde In a lonely place hasta Pulp fiction) que homenajea a escritores como Mohamed Chukri o novelas como La dalia negra (James Ellroy).

Según confiesa el propio autor, «la idea inicial nació en un viaje en tren entre Valladolid y Burgos, a las seis de la mañana de un lunes, donde garabeteé un sucinto guión en el mismo billete, el único papel que tenía a mano... A veces las mejores ideas llegan de golpe, en el lugar más inesperado. Posiblemente ya estén ahí, esperándote. Como dice Kiko Veneno, debes estar atento y atraparlas» o deglute, transforma y distorsiona memorias personales (conoce bien, por haber verneado allí durante su infancia y juventud, Marbella y alrededores). Respecto a la supuesta malignidad del libro, no la niega, pero aclara que «no está ahí para provocar el morbo o la condena, qué va. Me limito a exponer la violencia, el lado oscuro, pero de una forma casi quirúrgica, sin aspavientos morales, en un territorio donde la luz y el mal copulan con tal pasión que resulta difícil separarlos... En el fondo Verónica constituye un poema de amor y una oración fúnebre, una interesante mezcla de desesperación, fatalidad, necrofilia y erotismo, y también de heroísmo desquiciado y, de forma menos acusada, la crónica en blanco y negro, o mejor rojo y negro, de nuestra opulencia y sus demonios».